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31/10/2009

PANERAI
Jupiterium
 

Con motivo del Año Internacional de la Astronomía 2009, el Museo Nobel de Estocolmo acoge la exposición “El telescopio de Galileo: el instrumento que cambió el mundo”, ideada por el Ins­tituto y Museo de la Historia de la Ciencia de Florencia para celebrar el 400º aniversario de los primeros descubrimientos astronómicos de Galileo. La exposición, que se inaugura el 10 de octubre, incluye la extraordinaria exhibición de uno de los dos únicos telescopios construidos por Galileo que han sobrevivido hasta hoy. Representa una ocasión única para contemplar uno de los tesoros de la historia de la ciencia de todos los tiempos, materializada gracias al respaldo financiero de Officine Panerai, fabricante italiano de relojes de alta calidad y principal patrocinador de la muestra.

Los telescopios de Galileo se guardan en el Museo de la Historia de la Ciencia de Florencia. Es la primera vez que este instrumento se exhibe fuera de Italia. La exposición consta de seis secciones en las que se incluyen bellas reproducciones de algunos de los instrumentos que alberga el Museo de la Historia de la Ciencia, así como documentación importante y una considerable selección de materiales visuales, entre otros, extraordinarias fotografías inéditas tomadas por el telescopio de Galileo. Los modelos interactivos y las animaciones multimedia ayudan a los visitantes a comprender los principios ópticos y astronómicos, mientras que un excepcional “Jupiterium”, ideado y fabricado expresamente por Officine Panerai para esta exposición, reproduce los movimientos del Sol y de Júpiter con sus lunas mediante un modelo mecánico a escala único.

¿Por qué es tan importante el telescopio de Galileo para la historia de la ciencia? En 1608, Galileo Galilei tuvo conocimiento de que unos ópticos holandeses habían fabricado un extraño instrumento: un tubo con lentes en ambos extremos. El científico toscano se consagró a su perfeccionamiento y en unos cuantos meses logró que las imágenes fueran más nítidas y que la capacidad de aumento fuera 30 veces mayor. En el otoño de 1609, Galileo dirigió el instrumento que él mismo había perfeccionado hacia las estrellas. La imagen aumentada que proporcionaba el telescopio permitía ver cuerpos celestes ya conocidos de manera diferente y con mayor detalle. Realizó también otros descubrimientos excepcionales: observó que la Vía Láctea está constituida por innumerables estrellas, que la superficie de la Luna es irregular, que alrededor de Júpiter giran cuatro satélites, que el Sol tiene manchas y que Venus tiene fases. Galileo comprendió de inmediato la tremenda envergadura de sus descubrimientos astronómicos. Eran las pruebas basadas en la observación necesarias para confirmar la teoría de Nicolás Copérnico, según la cual la Tierra giraba sobre su propia órbita y alrededor del Sol.

“La exposición «El telescopio de Galileo: el instrumento que cambió el mundo» se inaugura el 10 de octubre en el Museo Nobel. Se prolongará hasta enero de 2010 y permitirá contemplar uno de los telescopios originales de Galileo. En la historia de la ciencia, es el equivalente a contemplar el cuadro de la Mona Lisa”, asegura Olov Amelin, director de exposiciones del Museo Nobel.

Según sostiene Paolo Galluzzi, director del Instituto y Museo de la Historia de la Ciencia de Florencia, “el subtítulo de la exposición, «el instrumento que cambió el mundo», expresa con elocuencia la trascendente repercusión que tuvieron las observaciones de Galileo no sólo en el campo de la astronomía y, en sentido más general, de la ciencia, sino también en filosofía, religión y antropología. Las consecuencias de tal “terremoto” marcaron profundamente la evolución del conocimiento moderno, puesto que contradecían unas creencias antiguas y muy enraizadas. Nada de esto habría ocurrido si un hom­bre de inteligencia extraordinaria no hubiera transformado un objeto que se vendía como juguete en las callejuelas de Venecia en un instrumento científico”.

“Para nosotros es un orgullo inmenso patrocinar esta exposición”, asegura Angelo Bonati, consejero delegado de Officine Panerai. Ya expusimos el telescopio de Galileo en el Planetario de Pekín y en el Instituto Franklin de Filadelfia, y el éxito increíble que cosechamos confirma el gran interés que despierta el genio italiano en todo el mundo”.

El lugar de la exposición El telescopio de Galileo: el instrumento que cambió el mundo en Estocolmo depende de la generosidad de sus patrocinadores actuales: Officine Panerai (patrocinador principal), Rymdstyrelsen (Agencia espacial sueca), Vetenskapsrådet (Consejo sueco de investigación) y VINNOVA (Oficina nacional sueca de sistemas de innovación).




EL TELESCOPIO DE GALILEO: EL INSTRUMENTO QUE CAMBIÓ EL MUNDO


La exposición

Como tantos descubrimientos decisivos en la historia de los avances científicos, la invención del te­lescopio partió de la observación de fenómenos y objetos relativamente comunes, pero cuyo enorme potencial sólo es capaz de comprender y desarrollar una mente brillante. Algo así ocurrió en 1609, cuando cayó en manos de Galileo Galilei un tubo cerrado por una lente en cada uno de sus extremos y que hacía parecer más cercanos los objetos lejanos cuando se miraba a su través. Se trataba de un instrumento ideado por unos ópticos holandeses y que Galileo transformó en unos cuantos meses multiplicando su capacidad de aumento por treinta. A continuación, su insaciable curiosidad científica le llevó a dirigir aquel primer telescopio hacia el cielo para iniciar una serie de descubrimientos astronómicos revolucionarios.

La exposición “El telescopio de Galileo”, en la que se han utilizado innumerables documentos, instrumentos científicos, modelos interactivos y animaciones multimedia, explica la historia de los inicios de la óptica, las iluminadoras observaciones y las consecuencias principales de los descubrimientos astronómicos hechos por Galileo gracias a su telescopio. El conservador encargado de las seis secciones que constituyen la exposición es el historiador de la astronomía Giorgio Strano, con ayuda de una comisión científica formada por historiadores de la ciencia y la tecnología, físicos, matemáticos y astrónomos, entre los que figuran Filippo Camerota, Paolo Del Santo, Sven Dupré, Paolo Galluzzi, Pier Andrea Mandò, Giuseppe Molesini, Francesco Palla, Albert Van Helden y Marco Verità. También han contribuido al desarrollo científico del proyecto el Instituto de Física Nuclear (INFN), el Instituto Nacional de Óptica Aplicada (INOA), el Observatorio Astrofísico de Arcetri y el Laboratorio Experimental del Vidrio de Murano (SSV).

La primera sección de la exposición, “Prehistoria del telescopio”, cubre el largo periodo anterior a la invención de Galileo e ilustra los conocimientos que se tenían desde la Antigüedad hasta el Renacimiento de las leyes de la reflexión y la refracción a través del estudio de los espejos de metal y los discos de vidrio. También se ocupa de los componentes ópticos para fabricar un telescopio. En todo caso, nunca se utilizaron para algo que no fuera el diseño de anteojos o los lentes para provocar la combustión. La producción de vidrio y la talla de superficies reflectantes y refractantes tenían aún una calidad muy baja, insuficiente para construir instrumentos más complejos.

Partiendo de los primeros instrumentos ópticos construidos por tres ópticos holandeses en 1608, la segunda sección, “El telescopio de Galileo”, se centra en los estudios y las notables modificaciones que Galileo Galilei incorporó a aquellos rudimentarios artefactos hasta inventar, un año después, el telescopio, tal vez el más famoso de sus instrumentos científicos. Los telescopios anteriores sólo permitían ampliar la imagen 2 ó 3 aumentos. Sin embargo, Galileo perfeccionó las lentes hechas a mano hasta lograr que el telescopio alcanzara de 20 a 30 aumentos, lo que le permitió contemplar las primeras imágenes cercanas del espacio. Con su telescopio, pudo observar la Luna, descubrir los cuatro satélites de Júpiter, comprobar las fases de Venus y descubrir las manchas solares. Sus descubrimientos aportaron las pruebas gráficas necesarias para confirmar el sistema de Copérnico, según el cual la Tierra y el resto de los planetas giraban alrededor del Sol. Anteriormente se afirmaba que el Universo era geocéntrico, es decir, que todos los planetas, incluido el Sol, giraban alrededor de la Tierra. De las reproducciones de instrumentos, de los facsímiles, de los testimonios manuscritos e impresos de las observaciones astronómicas históricas hechas entre 1609 y 1611 que dan acceso directo al laboratorio científico de Galileo y de la comparación con otros raros testimonios de la época brota su verdadero genio. La exposición de Estocolmo incluye la extraordinaria exhibición de uno de los dos únicos telescopios construidos por Galileo que han sobrevivido hasta hoy. Se guardan en el Museo de la Historia de la Ciencia de Florencia y se han expuesto fuera de Italia sólo en contadas ocasiones. Es una oportunidad única para contemplar uno de los tesoros de la historia de la ciencia de todos los tiempos.

El Instituto Nacional de Óptica Aplicada y el Instituto Nacional de Física Nuclear de Florencia han realizado, especialmente para esta exposición, una serie de estudios científicos de los telescopios utilizados por Galileo y de los construidos por los más importantes fabricantes italianos de la primera mitad del siglo XVII. La tercera sección de la exposición, “La calidad de las lentes de Galileo”, presenta los resultados de estos estudios que, junto con la interpretación realizada por el Laboratorio Experimental del Vidrio de Murano, han demostrado los factores que tienen en común los vidrios blancos y transparentes utilizados en diversos productos de artesanía y los utilizados en las lentes de los primeros telescopios.

Gracias a la creación de reproducciones ópticas fieles de los dos principales telescopios de Galileo montados en el Telescopio Amici del Observatorio Astrofísico de Arcetri, se han repetido las observaciones astronómicas originales de Galileo y los resultados obtenidos se presentan en la cuarta sección, “Observación con el telescopio de Galileo”. Se utilizan modelos interactivos y reproducciones que permiten al visitante entender mejor lo que significó observar el cielo a través de los primeros telescopios de la historia y contemplar los accesorios especiales utilizados por Galileo en el curso de su trabajo, como el micrómetro y el helioscopio, que le sirvieron para estudiar los satélites de Júpiter y dibujar las manchas solares, respectivamente.

La quinta sección, “De Galileo a Newton”, continúa con la historia de la óptica a partir de Galileo y examina el nuevo modelo de telescopio diseñado por Johann Kepler sobre bases meramente teóricas. En particular, en esta sección se explica la razón material de la demora en la difusión del telescopio de Kepler. En realidad, la producción de este nuevo modelo, ideado por Kepler en 1611, no empezó a mostrar su superioridad hasta 1635, y gracias a ópticos italianos. No obstante, el fenómeno llamado “aberración cromática” empujó a los ópticos a construir instrumentos muy aparatosos, como los tele­scopios extralargos o aéreos. Al final desaparecieron y cedieron lugar al telescopio de reflexión, cuya creación se atribuye a Isaac Newton.

La sexta sección de la exposición, “El telescopio, la medida del tiempo y la longitud”, relata lo que ocu­rrió inmediatamente después de las celebradas observaciones astronómicas y las aportaciones fundamentales hechas por Galileo para resolver el problema de la medición del tiempo. El gran científico de Pisa tenía un acusado sentido práctico que le orientó hacia la búsqueda de aplicaciones tangibles de sus descubrimientos, lo que condujo a la multiplicación y el desarrollo de todas sus posibilidades intrínsecas. Después del descubrimiento de los satélites de Júpiter y de calcular su periodo de revolución, Galileo pensó en usar el instrumento como un reloj cósmico que podría consultarse desde cualquier parte del globo. Esto le permitió resolver el antiquísimo problema de calcular longitudes en alta mar y, para facilitar a los marineros las observaciones telescópicas, ideó un futurista casco provisto de un catalejo que llamó celatone. Pero sus investigaciones no terminaron aquí, y el deseo de una precisión de cálculo cada vez mayor, dificultada por las condiciones atmosféricas y por las incertidumbres de la navegación, indujeron a Galileo a estudiar nuevos instrumentos capaces de perfeccionar la medida del tiempo. A partir de 1602, Galileo centró sus estudios en la observación del movimiento pendular, y observó que las oscilaciones del péndulo duraban siempre lo mismo. Llamó a esto ley del isocronismo y constituye el descubrimiento, absolutamente original en los anales de la historia, de una regla matemática que describe un fenómeno de la física terrestre.

La invención del telescopio y las observaciones astronómicas consiguientes le hicieron abandonar los estudios sobre la medición del tiempo hasta los años en que Galileo se concentró en la investigación del cálculo de la longitud. Como ilustra la sección final de la exposición, entre los siglos XVII y XVIII se planteó un debate entre los partidarios de los métodos astronómicos y los partidarios de los métodos mecánicos de determinación de la longitud. En pocas palabras, la reflexión detenida sobre el fenómeno del isocronismo descubierto por Galileo condujo a la creación de relojes mecánicos capaces de funcionar con precisión incluso durante las largas travesías marítimas. Este éxito queda ilustrado por los varios tipos de relojes que se idearon en un tiempo relativamente breve: desde los relojes de sobremesa del siglo XVI hasta los aparatos de péndulo diseñados por Galileo, desde el reloj de péndulo cicloide de Christiaan Huygens hasta el primer cronómetro marino de John Harrison.

La trayectoria que traza la exposición empieza en el cielo y termina en la Tierra. Entrelazando observaciones celestes, cálculos astronómicos y mediciones terrestres, el telescopio de Galileo cuenta la historia del modo en que los fenómenos y el tiempo cósmicos están en el origen del tiempo concreto utilizado por el hombre. Una demostración de la forma en que el brillante pensamiento del gran hombre de Arcetri logró captar la conexión que hay entre los fenómenos universales y las necesidades humanas. Un estallido de genio científico y amor por la humanidad, que cuatrocientos años después sigue gozando de los frutos de sus descubrimientos.




OBRAS DE OFFICINE PANERAI INCLUIDAS EN LA EXPOSICIÓN

Officine Panerai está orgullosa de poder presentar tres piezas en la parte de la exposición dedicada a El telescopio, la medida del tiempo y la longitud, en la que se relata lo que ocurrió inmediatamente después de las celebradas observaciones astronómicas y las aportaciones fundamentales hechas por Galileo para resolver el problema de la medición del tiempo.




El Jupiterium de Panerai

Presentado por vez primera en el Museo Nobel de Estocolmo, durante la instalación de la exposición “El telescopio de Galileo: el instrumento que cambió el mundo”, el Jupiterium de Panerai, ideado y producido por Officine Panerai, es un instrumento mecánico con una esfera azul en la que pueden observarse las posiciones del Sol, la Luna y Júpiter desde la perspectiva de un observador terrestre.

El centro de la esfera azul del Jupiterium lo ocupa la Tierra, alrededor de la que giran los otros cuerpos celestes, y las posiciones de éstos se basan en el punto de observación terrestre. El sistema de Júpiter comprende los denominados “planetas mediceos”, es decir, los cuatro satélites principales del astro, observados por vez primera por Galileo Galilei a través de su telescopio y conocidos en la actualidad como Ío, Europa, Ganímedes y Calixto.

Galileo anunció por primera vez el descubrimiento de los planetas mediceos en su obra Sidereus Nuncius (Mensajero Sideral), publicada en marzo de 1610, y fue una verdadera revolución histórica. La primera confirmación empírica de que había estrellas que giraban alrededor de un cuerpo celeste que no era la Tierra representó, de hecho, una base fundamental para la teoría heliocéntrica de Copérnico.

El análisis de los periodos y la determinación de los eclipses de los satélites de Júpiter permitieron también a Galileo elaborar tablas con los movimientos medios, que facilitaron información útil para el cálculo de longitudes en el mar, un problema secular fundamental para los marinos antes de que se inventaran los avanzados instrumentos modernos, como el cronógrafo.

El mecanismo del Jupiterium tiene una base de titanio y está activado por un reloj calendario perpetuo, con una reserva de marcha de 40 días. El calendario perpetuo es una de las aplicaciones más avanzadas de la relojería de alto nivel, ya que determina con exactitud la fecha, el día, el mes y el año, sin necesidad alguna de regulación manual, ni siquiera en los años bisiestos.

Con una edición de sólo tres ejemplares, el Jupiterium consta de una base cuadrada de madera sobre la que se apoya un esfera de cristal que contiene la Tierra y los planetas, sujetos por brazos de titanio. Las constelaciones del zodiaco, realzadas con Super-LumiNova, están dispuestas sobre la superficie de la esfera tal y como se ven desde los hemisferios terrestres.




Marine Chronometer de Officine Panerai

El Marine Chronometer es un instrumento de alta precisión utilizado para calcular longitudes en alta mar. Contenido en el interior de una caja, está montado en una suspensión cardan y se suele utilizar en embarcaciones. La suspensión cardan permite que el reloj se mantenga constantemente en posición horizontal, incluso cuando el barco se encuentra en movimiento.

• Caja de madera de teca maciza.
• Caja de acero satinado con bordes pulidos.
• Bisel de acero pulido.
• Calibre Panerai OP XX.
• 52 horas de reserva de marcha.



Luminor de Officine Panerai (años cincuenta)

El reloj se realizó para los comandos de la Armada Italiana y ya contaba con el dispositivo característico de Panerai para proteger la corona y garantizar su hermeticidad. Los comandos informaron durante sus misiones de los problemas que les había planteado la hermeticidad de la corona, so­metida a menudo condiciones extremas. Así pues, Panerai diseñó y patentó un dispositivo para protegerla y mantenerla firmemente sellada, con lo que se consiguió aumentar la hermeticidad y re­sistencia del reloj frente a los choques. Además, este modelo se caracterizaba por el empleo de Luminor, una sustancia a base de tritio que confería luminiscencia a los números, índices y agujas.

• Caja de acero, 47 mm de diámetro.
• Bisel de acero pulido.
• Esfera negra.
• Movimiento mecánico de cuerda manual, calibre
• 240 de 16 líneas basado en el Angelus.
• Reserva de marcha de 8 días.









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